| Perfil de CarlosPlaneta CarlitosFotosBlog | Ajuda |
|
|
03 de agosto Las canas de mi abuelaMi abuela no caminaba encorvada. Caminaba erguida y quizá tenía la columna vertebral en mejor estado que la de sus hijos y nietos —después de la mía, claro—. Los ciento sesenta centímetros de estatura —aproximadamente—, los brunos cabellos que se volvieron canos con la lentitud propia del tiempo, y la piel cobriza que se iba arrugando como quien no quiere la cosa, daban como resultado una personita muy agradable. Su expresión adusta me intimidaba. La mostraba cuando algo le molestaba. Pudieran ser los problemas cotidianos en la casa, pudiera ser que alguien tomó el control remoto y osó cambiar de canal, pudiera ser que alguien llegara tarde a casa. Muchas las cosas la podían hacer enojar. Otras veces, usaba la expresión adusta para esconder tras ella un esbozo de sonrisa, como cuando mi tío le hacía cosquillas o hacía alguna de sus pequeñas bromas. Detestaba escribir porque su mano “estaba oxidada”, pero le gustaba cocinar y además lo hacía muy bien; característica que no fue heredada en lo más mínimo por su hija, que prefería pedir pollo a la brasa por teléfono cuando “la gorda” no podía cocinar porque estaba cansada, porque estaba enferma, porque tenía flojera, o porque le apetecía comer pollo a la brasa y esa era su estrategia para lograrlo. Una vez leí en un libro de José Saramago: “Así es esta vida de mierda. Siempre termina por acabarse”. La leí cuando “la gorda” estaba viva, pero la dejé pasar como quien ve pasar indistintamente los carros en el paradero, sin saber que oculto entre ellos se encuentra el que te puede llevar a casa. No puede decirse que los últimos días fueron buenos para ella. Andaba de mal humor más seguido que antes, pero nada en su salud hacía presagiar lo peor. Todo ocurrió muy rápido. De la vida, a la muerte. Un día se puso mal como despidiéndose, y al día siguiente, cumplió su palabra. Me gustaba su cabello blanco y hasta ahora lo recuerdo casi como si pudiera estrujarlo en mis manos. Es curioso pasar por un lugar y recordar que hasta hace un tiempo, pasabas por él acompañado por una persona que ahora ya no está. Hay un sentimiento de culpabilidad en ello: “¿Por qué yo sí estoy, y tú no? ¿Por qué yo sigo estando si tú ya no estás?”. Son pensamientos que lejos de darle sentido a la vida, nos lo arrancan como quien maliciosamente le arranca un caramelo a un niño, que desesperado intenta protegerlo. Finalmente, todos llegamos a tener el sentimiento de que se nos arrebatan cosas más importantes que pequeños caramelos. Son cosas de adultos, pero lloramos como niños… ComentáriosPara adicionar um comentário, entre com seu Windows Live ID (se você usa o Hotmail, o Messenger ou o Xbox LIVE, você possui um Windows Live ID). Entrar Você possui um Windows Live ID? Inscrever-se TrackbacksA URL de trackback para esta entrada é: http://planetacarlitos.spaces.live.com/blog/cns!59DFF04AB27CC0E7!1084.trak Weblogs que fazem referência a esta entrada
|
|
|